miércoles, 13 de noviembre de 2013

How to Make a Bag Out of flower wrapper

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martes, 22 de octubre de 2013
















EL PADRE VALDEZ, AUTOR DEL OLLANTAY*
Tuvo exitosa culminación la búsqueda realizada por el prestigioso historiador nacional, doctor Raúl Porras Barrenechea respecto a la paternidad del drama en quechua Ollantay.
Al término del brillante ciclo de conferencias a cargo de los jurisconsultos que integraron la delegación del Colegio de Abogados de Lima, en el que tuvo relevante actuación el doctor Porras Barrenechea, dióse a la tarea de investigar en fuentes históricas el derrotero de la apasionante leyenda del general rebelde Ollantay. Contó con la colaboración de destacados intelectuales cuzqueños, el arqueólogo e historiador John H. Rowe y la valiosa cooperación del asistente de arqueología de la Universidad del Cuzco, señor Luis Barreda Murillo, quien lo acompañó en sus diferentes visitas en el Cuzco.
¿Quién fue el Cura Valdez?
El Doctor Porras, con su palabra autorizada, expresa que la personalidad intelectual del cura Valdez, desconocida por los críticos ollantinos, nació en Urubamba. Fue el único suscriptor cuzqueño del "Mercurio Peruano", de 1791. Eximio conocedor del idioma quechua, tuvo bondad evangélica para con los indios. De los datos obtenidos, hasta la fecha, se deduce que Antonio Valdez, fue uno de los prestantes antonianos o alumnos del Seminario de San Antonio Abad, donde fue Catedrático de Latinidad y Filosofía. Recibió el grado de Maestro y Doctor, con singular aplauso. Fue colaborador del Obispo Moscoso y simpatizante del partido indio en la revolución de Túpac Amaru. Valdez fue toda su vida párroco –expresa el doctor Porras Barrenechea– en la región del Cuzco; y, siguiendo una tradición regional, escribió dramas en quechua para su feligreses indios. Mientras que el Lunarejo había escrito autos sacramentales, Valdez llevó a la literatura quechua, las leyendas indígenas, entre ellas la de la rebelión de los Antis, que es la leyenda urubambina proscrita por los Quipucamayoc imperiales del Cuzco.
¿Quién es el autor del Ollantay?
Enfáticamente asevera el doctor Porras Barrenechea la paternidad de Valdez, para el drama Ollantay, porque Valdez nació a pocas leguas de Ollantaytambo y porque Markham recogió su manuscrito de la vecina villa de Lares. Los más autorizados historiógrafos cuzqueños de la primera etapa republicana como José Manuel Palacios, Pio B. Meza y Justo Sahuaraura, contemporáneos de Valdez, reconocieron la paternidad de éste, negada después por críticos forasteros.
¿Qué consignan los Archivos Parroquiales?
Con erudición, el doctor Porras manifiesta que en los archivos parroquiales consta que el cura Valdez, se negaba a cobrar derechos a los niños pobres, regalaba imágenes y vajilla de plata para los templos, reedificaba éstos y fue además insigne imaginero que talló admirables imágenes para las iglesias de Tinta y Tambopata.
¿Cuál es el documento fundamental?
Un importantísimo testimonio para la comprobación de la paternidad de Valdez, se halla en las declaraciones del sacerdote indio Justo Pastor Sahuaraura; en un manuscrito que conserva en Arequipa el Padre Barriga. El clérigo cuzqueño declara, en él, que preguntó a Valdez por qué había hecho feliz el desenlace del drama Ollantay contra la versión original de la leyenda urubambina, y Valdez le respondió que lo había hecho por razones de poética y por satisfacer al público.
Otros documentos hallados por el doctor Porras atestiguan que la leyenda ollantina no subsistió en el actual pueblo de Ollantaytambo, que en los siglos XVI y XVII, se llamó solamente "Tambo", como aparece en los libros parroquiales. La difusión de ésta, se logra a mediados del siglo XVII, por la vía erudita, en que se comienza a hablar del pueblo de "Santiago de Ollantaytambo", quizá por alguna obra anterior a la de Valdez. Pero es, sin duda, quien le dio mayor realce y validez poética, habiendo dado vida a la fama universal del Ollantay.
Para el doctor Porras Barrenechea, la cultura cuzqueña tiene tres máximos representativos: el Inca Garcilaso, en el siglo XVI, el Lunarejo en el XVII y Antonio Valdez en el siglo XVIII, que representa el ápice de la literatura quechuista.
Todas estas confrontaciones que son fruto de una acuciosa labor de investigación realizada por el ilustre historiador doctor Raúl Porras Barrenechea, vienen a dar fin a la prolongada polémica sobre la paternidad del inmortal drama Ollantay.









http://sisbib.unmsm.edu.pe/bibvirtual/libros/linguistica/legado_quechua/el_padre.htm

martes, 8 de octubre de 2013



Romance sonámbulo.
A Gloria Giner y Fernando de los Ríos

Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar
y el caballo en la montaña.
Con la sombra en la cinturaella sueña en su baranda
verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Verde que te quiero verde.
Bajo la luna gitana,
las cosas la están mirando
y ella no puede mirarlas.

Verde que te quiero verde.
Grandes estrellas de escarcha,
vienen con el pez de sombra
que abre el camino del alba.
La higuera frota su viento
con la lija de sus ramas,
y el monte, gato garduño,
eriza sus pitas agrias.
¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde...?
Ella sigue en su baranda,
verde carne, pelo verde,
soñando en la mar amarga.
Compadre, quiero cambiar
mi caballo por su casa,
mi montura por su espejo,
mi cuchillo por su manta.
Compadre, vengo sangrando
desde los puertos de Cabra.
Si yo pudiera, mocito,
este trato se cerraba.
Pero yo ya no soy yo,
ni mi casa es ya mi casa.
Compadre, quiero morir
decentemente en mi cama.
De acero, si puede ser,
con las sábanas de Holanda.
¿ No veis la herida que tengo
desde el pecho a la garganta?
Trescientas rosas morenas
lleva tu pechera blanca.
Tu sangre rezuma y huele
alrededor de tu faja.
Pero yo ya no soy yo.
Ni mi casa es ya mi casa.
Dejadme subir al menos
hasta las altas barandas,
¡Dejadme subir!, dejadme
hasta las altas barandas.
Barandales de la luna
por donde retumba el agua.

Ya suben los dos compadres
hacia las altas barandas.
Dejando un rastro de sangre.
Dejando un rastro de lágrimas.
Temblaban en los tejados
farolillos de hojalata.
Mil panderos de cristal,
herían la madrugada.

Verde que te quiero verde,
verde viento, verdes ramas.
Los dos compadres subieron.
El largo viento dejaba
en la boca un raro gusto
de hiel, de menta y de albahaca.
¡Compadre! ¿Dónde está, dime?
¿Dónde está tu niña amarga?
¡Cuántas veces te esperó!
¡Cuántas veces te esperara,
cara fresca, negro pelo,
en esta verde baranda!

Sobre el rostro del aljibe,
se mecía la gitana.
Verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Un carámbano de luna
la sostiene sobre el agua.
La noche se puso íntima
como una pequeña plaza.
Guardias civiles borrachos
en la puerta golpeaban.
Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar.
Y el caballo en la montaña.






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miércoles, 12 de junio de 2013

A un olmo seco

A UN OLMO SECO
Al olmo viejo, hendido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo.
algunas hojas nuevas le han salido.
¡El olmo centenario en la colina
que lame el Duero! Un musgo amarillento
le mancha la corteza blanquecina
al tronco carcomido y polvoriento.
No será, cual los álamos cantores
que guardan el caminojy la ribera.
habitado de pardos ruiseñores.
Ejército de hormigas en hilera
va trepando por él, y en sus entrañas
urden sus telas grises las arañas,
Antes que te derribe, olmo del Duero.
con su hacha el leñador, y el carpintero
te convierta en melena de campaña.
lanza de carro o yugo de carreta:
antes que rojo en el hogar, mañana.
ardas de alguna mísera caseta,
al borde de un camino;
antes que te descuaje un torbellino.
y tronche el soplo de las sierras blancas;
antes que el río hasta la mar te empuje
por valles y barrancas,
olmo quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida.
Mi corazón espera
también, hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera.
Comentario:
Pertenece este soneto a la segunda etapa del poeta, cuando escribe Campos de Castilla. En ésta observanos un aperturismo hacia lo humano y social, ya no se trata del modernismo intimista de la primera etapa.
Este poema está formado por treinta versos de arte mayor y menor, ya que son de once y siete sílabas (endecasílabos y heptasílabos) pero sin seguir ninguna regla aparentemente.
Sin embargo, al tratarse de una combinación de versos de 7 y de 11 que riman a gusto del poeta, estamos ante una silva, modelo estrófico clásico que admite incluso la posibilidad de que algún verso quede suelto, como ocurre en este poema.
La rima es consonante, menos en el verso vigésimo cuarto, que es un verso suelto, no rima.
Este poema hace una descripción sensible y patética de un viejo olmo, del cual resurge la vida gracias a la primavera.
Este poema se divide en tres partes:
La primera llega hasta el verso 14, en la que hace una descripción general de como está el árbol, y de su situación y entorno, citando también la aparición de las hojas nuevas con la llegada de la primavera, y también lo compara con otra especie, los álamos.
En la segunda parte, que va desde el verso decimoquinto hasta el cuarto verso del poema desde el final, el poeta expresa su deseo de dejar constancia escrita de la aparición hojas entre tanta muerte.
En la tercera y última parte, ya no se habla del olmo, sino que se expresa un deseo una esperanza.El principal fondo de este poema, es expresar su dolor y en consonancia con la destrucción del árbol y su capacidad de regeneración, ya que aún conserva la esperanza de que aún exista un milagro de la vida, para su mujer, ya que esta, cuando Machado escribe el poema, esta enferma.

martes, 11 de junio de 2013


 Año:  5º de secundaria
Fecha de presentación: 18- 06 - 13  ( trabajo y declamación)


Canción de Otoño en Primavera

Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer...

Plural ha sido la celeste
historia de mi corazón.
Era una dulce niña, en este
mundo de duelo y de aflicción.

Miraba como el alba pura;
sonreía como una flor.
Era su cabellera obscura
hecha de noche y de dolor.

Yo era tímido como un niño.
Ella, naturalmente, fue,
para mi amor hecho de armiño,
Herodías y Salomé...

Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer...

Y más consoladora y más
halagadora y expresiva,
la otra fue más sensitiva
cual no pensé encontrar jamás.

Pues a su continua ternura
una pasión violenta unía.
En un peplo de gasa pura
una bacante se envolvía...

En sus brazos tomó mi ensueño
y lo arrulló como a un bebé...
Y te mató, triste y pequeño,
falto de luz, falto de fe...

Juventud, divino tesoro,
¡te fuiste para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer...

Otra juzgó que era mi boca
el estuche de su pasión;
y que me roería, loca,
con sus dientes el corazón.

Poniendo en un amor de exceso
la mira de su voluntad,
mientras eran abrazo y beso
síntesis de la eternidad;

y de nuestra carne ligera
imaginar siempre un Edén,
sin pensar que la Primavera
y la carne acaban también...

Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer.

¡Y las demás! En tantos climas,
en tantas tierras siempre son,
si no pretextos de mis rimas
fantasmas de mi corazón.

En vano busqué a la princesa
que estaba triste de esperar.
La vida es dura. Amarga y pesa.
¡Ya no hay princesa que cantar!

Mas a pesar del tiempo terco,
mi sed de amor no tiene fin;
con el cabello gris, me acerco
a los rosales del jardín...

Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer...
¡Mas es mía el Alba de oro!

Rubén Darío